No sé cuántas veces habrá
recurrido mi memoria a tu recuerdo, no las suficientes, al parecer, para
superar mi miedo a olvidar el dulce timbre de tu voz; pero, si no es esta la
centésima vez, será a falta de becadas que no conté. Pues no sería la primera vez
que se tiñe de cobre el cielo y sueño despierta con el carbón de tu pelo, el
café de tus ojos y el carmín de tus labios.
No sería está la primera vez que me cautiva el eco de tu risa; tímida, dulce y melosa. Con el manto inocente de un astro que acaba de nacer. Pero, incluso así, aún sabiendo que el infierno se alza por los corazones salvajes que se niegan a yacer, no sería está la última vez que fantasearía con el pecado de sonreír te de la forma que solo con hombres debería ser.
Joven mi corazón, más anciana mi alma, perdí el miedo a la eterna condenación, cuando contaba sola las estrellas desde mi terraza, cuando cae tantas veces que el suelo ya no hiere... cuando lloré tanto, que verme reír sería extraño.
Mas ese es tu don... ¿Me equivoco? Sacar luz del más oscuro abismo, hallar estrellas en la noche más nublada, tener una sonrisa confiada en el más puro e insano caos... ... Guiar a los marineros de vuelta a casa, hallar perdón en el más vil villano, ver bondad en lo más profundo de un dictador... Esa es tu magia, ¿no es cierto? Encontrar un claro de luz en el que resguardarnos de la terrible oscuridad de mis pesadillas... Eso es lo tuyo; tu esencia, tu poder, tu energía... ser tan misteriosa e impredecible como el sentido más oculto y salvaje de la naturaleza.
Esa eres tú; el caos en la historia, la poesía en el teatro y la rima en las lenguas... Esa eres tú; fuerte, libre, incontrolable y tan sigilosa que podrías parecer el sentido más abstracto de un fantasma.
Creo que es por eso que soy incapaz de sacarte de mi cabeza, (y ojalá fuese solo pecado de pensamiento y no de sentimiento) porque he pasado tantos años agazapada en la penumbra, temblando de frío y miedo, qué fuiste el primer rayo de sol que conocía mucho tiempo, y derritió lo más profundo de un corazón que se había abandonado así mismo en un barco que iba totalmente a la deriva por miedo a que otros piratas le pudiesen hacer...
No sería está la primera vez que me cautiva el eco de tu risa; tímida, dulce y melosa. Con el manto inocente de un astro que acaba de nacer. Pero, incluso así, aún sabiendo que el infierno se alza por los corazones salvajes que se niegan a yacer, no sería está la última vez que fantasearía con el pecado de sonreír te de la forma que solo con hombres debería ser.
Joven mi corazón, más anciana mi alma, perdí el miedo a la eterna condenación, cuando contaba sola las estrellas desde mi terraza, cuando cae tantas veces que el suelo ya no hiere... cuando lloré tanto, que verme reír sería extraño.
Mas ese es tu don... ¿Me equivoco? Sacar luz del más oscuro abismo, hallar estrellas en la noche más nublada, tener una sonrisa confiada en el más puro e insano caos... ... Guiar a los marineros de vuelta a casa, hallar perdón en el más vil villano, ver bondad en lo más profundo de un dictador... Esa es tu magia, ¿no es cierto? Encontrar un claro de luz en el que resguardarnos de la terrible oscuridad de mis pesadillas... Eso es lo tuyo; tu esencia, tu poder, tu energía... ser tan misteriosa e impredecible como el sentido más oculto y salvaje de la naturaleza.
Esa eres tú; el caos en la historia, la poesía en el teatro y la rima en las lenguas... Esa eres tú; fuerte, libre, incontrolable y tan sigilosa que podrías parecer el sentido más abstracto de un fantasma.
Creo que es por eso que soy incapaz de sacarte de mi cabeza, (y ojalá fuese solo pecado de pensamiento y no de sentimiento) porque he pasado tantos años agazapada en la penumbra, temblando de frío y miedo, qué fuiste el primer rayo de sol que conocía mucho tiempo, y derritió lo más profundo de un corazón que se había abandonado así mismo en un barco que iba totalmente a la deriva por miedo a que otros piratas le pudiesen hacer...
Si es que aún me quedaba dolor alguno por conocer.
Y es que, verte allí por primera vez; insegura, tímida pero, sin lugar a dudas preciosa y con la mejor sonrisa que mis ojos hubiesen conocido, fue cómo sentir que mis pulmones tomaban aire tras décadas conteniendo la respiración. Fue como sentir que todo aquel ruido blanco finalmente me dejaba, capitán de mi suerte y mi destino...
Atentamente, Rain.
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