[PRIMER DÍA PENTOBER
Tema: Ángeles]
Tema: Ángeles]
Annie cerró la puerta entre risas, agitando la mano a modo de despedida mientras sus amigos se alejaban calle abajo, riendo y charlando en el silencio de la calle vacía.
Seguramente la hora rozaría las una o dos de la mañana. Aún tenía los ritmos de la música martilleándole la cabeza y el repentino silencio le provocaba una sensación de vacío y aburrimiento.
Empezó a recoger las cosas; vasos y bebidas entre otras, mientras se arrastraba entre suspiros a la cocina, muerta de sueño. Sus padres no volverían a casa hasta dentro de unos días, pero no soportaba la idea de tener semejante desorden en el salón. Sabía que si no lo arreglaba, no sería capaz de irse a dormir.
Estaba dispuesta a ir a apagar la televisión tras muchos viajes cargada de vasos y platos de plástico que terminaron en la basura, cuando un seco pero fuerte ruido la dejó paralizada en el sitio: un golpe firme. Como quien dejaba caer un saco de patatas.
Se mantuvo rígida unos instantes, tratando de convencerse de que era el sueño y el dolor de cabeza, que le estaban jugando una mala pasada a modo de karma por organizar una fiesta y ser la única idiota que no probó un sólo trago. Sin embargo, instantes después un quejido lastimero rompió el tranquilo silencio que había sobrecogido su casa. Annie abrió los ojos como platos, muerta de miedo.
Estaba completamente segura de haberse despedido de todos sus amigos, y estaba totalmente sola en casa. Mientras se dirigía hacia las escaleras, se repitió una y otra vez que aquel Halloween no iba a ser protagonista de una película de terror, y que seguramente sería... Bueno, no tenía explicación lógica en esos momentos, pero seguro que existía.
Un terrible escalofrío le recorrió la espalda cuando miró escaleras arriba, enfrentándose a una oscuridad completamente desconocida de la que lo único que sabía, era que algo o alguien la habitaba. Por primera vez en toda la noche... Annie sintió que no estaba sola.
Pese a los constantes ruegos de su cordura, lógica y sentido de la supervivencia, Annie ascendió, encogiéndose más y más a medida que la luz quedaba abajo, sobreviviendo únicamente con la luz de su móvil. Llegó al desván, con la respiración difícilmente controlada y el pulso temblándole. No sabía si era imaginación suya, o realidad tenebrosa y absoluta... Pero definitivamente había alguien delante de ella.
Una pequeña parte de su coraje exigía que alumbrase a la supuesta silueta que, quizá a causa del pánico, su mente dibujaba a escasos metros de donde Annie se encontraba. Pero, por otra parte, su más interno miedo le rogaba que sea lo que sea se encontrase ahí, quedase en el anonimato; a veces la ignorancia es la base de la felicidad. Y, en este caso, de la supervivencia.
Aquella figura volvió a emitir un grave y profundo quejido agónico, esta vez calando lo más profundo de los huesos de Annie. Sintió las tablas crujir bajo su peso, y temió estar frente a la mayor de las bestias, capaz de devorarla en apenas un suspiro.
El frío abrazó a Annie, poniéndole la piel de gallina. Alguna parte en su cabeza susurró, con la más delicada y aterrada de las voces "es el ártico frío de la muerte, la ausencia de vida y alma".
Casi por accidente, Annie afinó el oído, convencida de estar oyendo una especie de monótono murmullo, débil y rasposo; una voz sim fuerzas y cansada. Una voz rendida y atormentada.
–Era cuando la edad vencida dice : ¿Dónde vas pobre loco?–Creyó oír, y no supo decir si fue el espectro religioso que cernía aquellos versos o el pánico previo, pero permaneció muda y rígida, atenta a la melodía. –Abrazando causas perdidas, mujeres perdidas... corazones rotos. –Definitivamente aquella canción la había escuchado antes... –El primero o el último día da igual quedan solo unos cuantos. –¡Claro! Era la canción que su madre solía cantarle de pequeña cuando iban camino a la iglesia. Sintió la rota voz cansada disolverse, absorbiendo las dulces y melosas notas de la voz de su madre. Ya no sentía miedo, sino intriga, ¿por qué la canción de los santos era entonada por una mala bestia oculta en las sombras?
–Dios se cansó de dar cuerda a mi vida víspera de todos los santos.–Cantaron ambos, uniéndose ella al solitario canto de aquella voz sin rostro en aquel antiguo cuarto. El silencio se encerró en aquellas cuatro paredes, y cual ilusa, Annie esperó al siguiente verso.
Al ver que el silencio perduraba, alzó la linterna de su móvil asustada; poco a poco la luz fue bañando el suelo, descubriendo un terrible color escarlata.
Alzó de un rápido giro el foco de luz, enfocando ahora a la sospechosa figura; una muchacha tirada en el suelo desnuda, bañada en sangre su espalda. Plumas blancas como la nieve cubrían su pálida piel. Tenía una larga y brillante melena rubia, lisa y frondosa. Sus ojos encontraron los de Annie, y sintió el cielo entero caer sobre sus hombros:
Los claros ojos ciegos de un ángel. Los labios finos de una virgen. Las muñecas rojizas de un castigo... Las alas rotas de una desterrada; aquella noche, el cielo perdió una estrella. Aquella noche, Dios castigó a una niña.
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