Escuchando...

19 dic 2019

Buen galán

Alzo la mirada al cielo,
Veo fantasmas, monstruos,
Castillos y peleas a espada de madera
Entre valientes caballeros.

La risa de los niños cruza el aire,
Y yo, caminante,
me balanceo de lado a lado.
Como si no hubiese un público delante,
Como si no me pudiesen ver.

Tarareo una melodía,
Sobre viejas historias y elegante francés
Llamando a algún recuerdo
Para que me contase un cuento
Para que me acompañase en aquel atardecer.

Cierro los ojos y concedo a las sombras este baile,
Se aproxima un caballero que tomará su oportunidad;
Su rostro cubierto en mugre,
Sus prendas gastadas y su peste a suciedad.

"Pardon moi, mi príncipe, ¿dónde cree que su corona se ha de encontrar? "

Él ríe y da un paso al frente, y un segundo, siguiendo la melodía, firme y seguro.

"Me temo que mi corona carece de paradero, mi lady, pues mis pies no se ensuciaron por batallar cual caballero, sino por trepar por los más altos árboles y caer sobre mi propio trasero. " Sonrió.

Mis mejillas ardieron cual fuego, mareados mis pies; ¿quién es este plebeyo? ¿Qué le hace tan dulce?

Sus pies giran asilvestrados, girando ambos, desorientados. Y descubro que donde debería hallar enfado sólo me encuentro sonriente. ¿No es esto lo erróneo, corazón? ¿No sería mi labor ansiar el amor de un príncipe y su fácil camino? Entonces, ¿por qué hallo tan encantadora su sonrisa retadora, querido corazón? ¿Por qué complicas la más sencilla decisión?

Cuando levanto la mirada, sus cejas se alzan en un reto jamás entonado; «Te reto a seguir girando, ma petit princesses, te reto a que el mundo pierda todo sentido, y tú sigas girando ». Sus manos suaves tiran de mí, atrayéndome, y creo que si mi corazón no se sobresaltó aún, ya se encogió.

"Sé qué piensas, mon chérie. " Me promete, con una suave y leve risa.

"¿Qué me ronda la mente pues, mi muchacho de Nunca Jamás? "

"Sus mejillas sonrosadas la traicionan, madame. Je ne suis pas le conte de fees dont ils t'ont parlé; no soy el villano de cuento de hadas del que te hablaron. "Dice, y su cabello susurra la dulce melodía de la luz que cae de las lámparas de cristal, y el viento hace a los ventanales silbar.

"¿Entonces, qué decís ser? "Pregunto, ansiando otra de sus famosas dulces sonrisas.

"Je suis un royaume endormi, je suis un fantôme silencieux; je suis la clé de la liberté, ce que nous savons tous les deux que vous cherchez. " «Soy el reino durmiente, soy el mudo ente; soy la llave a vuestra libertad, aquella que ambos dos sabemos que ansiais con fervor. » juró, en un carismático francés.

Mordí mi labio en densa duda; ¿debería escuchar al callejero poeta? ¿Debería arriesgarlo todo por un enigmático "alguien" sin siquiera corona?

Sus ojos verdosos me observan, y parecen llegar al alma; sus labios se enlazan en otra inmortal sonrisa que me rompe el corazón, y parece que estamos él y yo solos en aquel salón. Su ardiente cabello rojizo roza su piel,  como una hoja durmiente sobre el frío suelo durante un helador invierno.

Cual melodía inacabada, como un reloj que la hora dejó de dar, me alzo de puntillas y preparo mis palabras: «Je suis pret à partir, mon chéri. S'il te plaît ramène-nous à la maison, mon amour», listas para ser susurradas en la más cercana intimidad.

«Estoy lista para irnos, amado mío. Por favor, llevanos a casa, mi amor. »

Mas cuando mi última palabra abandona mis labios, cuando mi voto ya se pronunció...

Me aparto para encontrar nada, me giro y descubro que todo se esfumó.

Las lujosas lámparas desaparecieron, las parejas danzantes ya no están. Y me hallo de nuevo admirando el leal cielo despejado, soñando en mi habitación;

Mi única puerta a la felicidad se ha esfumado, mi camino a la libertad se escapó.

"Au revoire, mon Prince charmant... " Sollozo, en melancólico pesar.

«Hasta pronto, mi príncipe encantador... Hasta próximo soñar... »

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